Photo: Isaiah Rustad

¿Te ha pasado alguna vez que has hecho un cambio en la dieta o en el estilo de vida y te has encontrado con la crítica de tu entorno cercano? ¿Amigos o familiares te han sorprendido con un “¡menuda locura!”? ¿Te has dado de bruces con el miedo al conocimiento nuevo?

¿Qué pasa? ¿Por qué cuesta tanto aceptar nuevas ideas?

El miedo a aceptar nuevas ideas no es una cuestión de inteligencia. Aceptar nuevas teorías o avances científicos no depende del nivel de inteligencia que se tenga. Personas no muy inteligentes pueden abrazar nuevos avances científicos sin demasiados problemas aunque no lo comprendan todo, y personas muy inteligentes pueden empeñarse férreamente en rechazar algunos hechos científicamente demostrados. Una vez que nos hemos formado una idea o creencia, puede que nos resulte muy difícil deshacernos de ella, incluso aunque tengamos un montón de evidencia científica en su contra. ¿Por qué sucede esto? ¿Qué ocurre a nivel psicológico o mental para poder (o no) aceptar nuevos hechos o ideas?

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El poder del clan

Uno de los mecanismos psicológicos implicados en esta resistencia al conocimiento nuevo tiene que ver con el valor de la pertenencia a un grupo. 

Las cosas han cambiado pero hace miles de años aprendimos que quedar fuera del clan era peligroso y podía suponer para nosotros incluso la muerte. Si perdíamos la protección del grupo quedábamos a expensas de las adversidades meteorológicas, el hambre o los animales peligrosos. Por eso percibir que no somos aceptados por el grupo al que sentimos que pertenecemos sigue costándonos tanto y es tan difícil de asumir. Es el origen del “nosotros” frente al “ellos”. En este aspecto, tenemos un buen ejemplo en la alimentación: cambiar la manera de comer, desechar alimentos habituales pero no saludables y sustituirlos por otros nuevos, o modificar la forma de cocinar, pone en cuestión la tradición familiar y ese vínculo tan fuerte del clan que se ha establecido a lo largo de generaciones en torno a la comida.

Respecto al valor del grupo, la ciencia también indica que la influencia de portavoces carismáticos es importante para que las personas acepten o rechacen las ideas. Pertenecer a un grupo con un líder atractivo es algo deseado por mucha gente. Y si abandonar una idea o acoger otra nueva supone abandonar emocionalmente a un grupo reconfortante, la idea no será fácilmente abandonada o abrazada, respectivamente.

El miedo te bloquea

Otro factor importante es la percepción del riesgo. El riesgo no es percibido de modo racional sino emocional. La percepción irracional del riesgo es lo que hace que sea imposible para algunas personas tomar un determinado medicamento, o no tomarlo, vacunar, o no vacunar, dejar de beber leche, aumentar la ingesta de grasas, darse un baño helado en invierno…

En cuanto a la actividad cerebral asociada con la aceptación o el rechazo de nuevas ideas se ha observado que cuando determinados hechos o datos contradicen nuestras ideas, se activan las áreas cerebrales relacionadas con el miedo, como la amígdala, la ínsula, la corteza cingulada anterior y la corteza prefrontal dorsolateral. La entrada en este “modo miedo” eleva los niveles de cortisol y glutamato, que producen daño en las neuronas. Así es imposible que podamos pensar con claridad o ser creativos. La emoción es tan intensa que se deja de escuchar al ponente, se cierra el libro o se cambia de canal.

El sesgo de confirmación

Por otra parte, el sesgo de confirmación es muy poderoso: esto significa que prestamos más atención a datos o hechos que pueden confirmar nuestras ideas que a datos o hechos que las pongan en entredicho o, directamente, las contradigan. Y esto se debe a que, cuando uno confirma sus ideas, el cerebro funciona como si reforzara su identidad y su ego y se libera un pulso del neurotransmisor dopamina, que produce sensación de placer.

A todo esto se suma que la mayoría de las personas tiende a creer en lo que es más conveniente para ellas y a no creer lo que las incomoda. Creer que hacer ejercicio a diario y seguir una dieta variada y natural hará que mejore tu salud y vivas más, y verte obligado a cambiar tu comportamiento si quieres ser coherente, es más incómodo que negar la existencia de toda la evidencia científica a favor, quedarte con la idea de que la enfermedad es algo que ocurre por azar y seguir normalmente con tu vida de comida procesada y sofá. ¿Qué eliges?