Microbiota - HATAKAMA

Igual que un precioso parque natural, con sus bosques, ríos y animales, los humanos somos un rico ecosistema formado por un medio físico (nuestro cuerpo) y cientos de especies diferentes que habitan en él en interacción constante.

Microbiota

¿Especies diferentes? Sí, no estamos solos. Por cada célula que compone nuestro organismo existen 1.000 bacterias que nos acompañan. Sin tú saberlo, resulta que tienes más amigos de los que podrías conseguir en Facebook… nada menos que ¡100 trillones! de bacterias, de más de 35.000 especies diferentes, con un total de 8 millones de genes. Son cifras muy difíciles de imaginar pero quizás puedas hacerte una idea de la envergadura de esta población microscópica si te digo que, de poder pesarse, alcanzaría entre 1,5 y 1,8 kg ¡Casi 2 kg de seres microscópicos!

Llegados a este punto, quizás te parezca interesante seguir leyendo pero tienes por delante una montaña de ropa por planchar o una comida que preparar o a tu perro con ojos implorantes para ir a dar un paseo… ¡No hay problema! Puedes escuchar el audio de este post mientras haces tus tareas 😉 Pincha aquí!

Puedes dedicarte a la jardinería y dar un repaso a tus plantas mientras escuchas este audio 🙂

El origen de la microbiota

Siempre se ha pensado que adquirimos esta microbiota exclusivamente en el momento del parto, pero no es así.

  • Desde la gestación, el ser humano va adquiriendo su flora bacteriana a través de la placenta, en un constante paso de flora intestinal de la madre al feto.
  • Después, cuando nacemos, nos impregnamos de flora bacteriana vaginal y perianal durante el parto (no podrá ser así si el nacimiento es por cesárea).
  • Otra fuente importante de flora bacteriana es la que adquirimos por el contacto piel con piel con nuestra madre en el momento de salir al mundo y por eso es tan importante ese primer contacto físico entre la madre y el hijo.
  • Otra, fundamental, es la que recibimos con la lactancia: se ha descubierto que los oligosacáridos, un componente primordial de la leche materna y que suponen un tercio de la composición de la leche materna, no son utilizados por el niño sino por las bifiídobacterias de su microbiota.
  • Después, a lo largo de la vida, será la dieta y el contacto con el entorno lo que nos ayude a enriquecer o empobrecer nuestra flora bacteriana. Por ejemplo, ese afán de los niños pequeños de llevarse todo a la boca o jugar en la arena o intercambiar juguetes con sus amiguitos es beneficioso para su microbiota; por el contrario, la obsesión por la higiene y rodear al niño de un entorno aséptico puede ser perjudicial para su microbiota.

Así nos dotamos de una población bacteriana amplia y variada, totalmente específica de cada uno de nosotros. Aunque podemos compartirla: en un beso se pueden intercambiar ¡hasta 80 millones de bacterias!

Microbiota y salud

Una de las funciones vitales de la microbiota en nuestra salud es intervenir en la correcta organogénesis, es decir, la formación y desarrollo de nuestros tejidos y órganos, especialmente en el desarrollo del cerebro.

Pero también estos millones de bacterias que viven en nuestro organismo y establecen una relación simbiótica con nosotros, sus anfitriones, repercuten en numerosas funciones: desde nuestra manera de pensar y de relacionarnos con el entorno, como ya he mencionado, hasta el control del metabolismo y la respuesta inmune, la función del páncreas, la resistencia a la insulina y la obesidad. Los estudios más recientes sugieren que el desequilibrio en la flora intestinal puede estar relacionado con el desarrollo de diabetes de tipo 1 y de tipo 2.

En un experimento muy interesante realizado sobre dos hermanas gemelas (aclaro: exactamente iguales desde el punto de vista genético) pero fenotípicamente diferentes -una obesa y otra delgada- se trasplantó flora intestinal de la hermana que padecía obesidad a un ratón de laboratorio y éste se hizo obeso. Cuando se trasplantó flora intestinal de la hermana delgada, el ratón correspondiente quedó delgado. Por eso también podemos decir que la microbiota determina nuestro fenotipo. ¡Y también condiciona nuestro apetito, por cierto!

Microbiota y hábitos de vida

Muchos factores, como la dieta, el uso de antibióticos, el estrés, la edad, las infecciones gastrointestinales, enfermedades orgánicas y mentales y, en los primeros años de la vida, la separación prematura entre la madre y el hijo, afectan negativamente a nuestros amigos microscópicos. Y todas estas alteraciones en la microbiota tienen consecuencias en nuestra salud, que -como decía al comienzo- es la salud del ecosistema. Al fin y al cabo, somos más bacterias que células.