HATAKAMA - Restricción calórica y longevidad

Una de las noticias científicas que más impacto ha tenido en los últimos años en el ámbito de la Nutrición es que la restricción calórica (es decir, comer poco) alarga la vida. Bueno, pues “no se vayan todavía: ¡aún hay más!”.

La restricción calórica ha demostrado tener un efecto positivo sobre la longevidad, la plasticidad cerebral y la respuesta inflamatoria del organismo, que como ya sabrás está relacionada con el desarrollo de multitud de enfermedades y la pérdida de calidad de vida.

Restricción calórica y longevidad

Desde hace años se ha relacionado la restricción calórica con un incremento en la longevidad, en todo tipo de animales (incluidos los humanos).

Ya en los años ´30 del siglo XX empezaron los primeros experimentos con ratas. También se ha probado en moscas y gusanos ascárides. E incluso en primates.

Dos estudios paralelos iniciados a finales del siglo XX mostraron los beneficios de la restricción calórica en monos, tanto en valores predictivos de salud e indicadores cardiovasculares como en la esperanza de vida. Ocuparon las páginas de revistas tan prestigiosas como Science o Nature y sus fotos dieron la vuelta al mundo.

HATAKAMA- Beneficios de la restricción calórica

Los monos con restricción calórica (derecha) mostraban un mejor aspecto que los monos con dieta libre (izquierda).

Los beneficios de reducir la ingesta calórica estaban claros pero los investigadores descuidaron algo fundamental: el tipo de dieta que dieron a cada grupo. Y así, ¿cómo saber si los resultados positivos se debían a la restricción calórica o se debían a que los monos que comían menos se alimentaban a base de alimentos naturales y los otros, a base de pienso? (Mejor dejarlo para otro post…).

Quizás has oído hablar de la isla de Okinawa, que se hizo famosa en los años 2000 por contar con una de las poblaciones más longevas del planeta.

HATAKAMA - Restricción calórica y longevidadPara descubrir qué secreto se escondía detrás de esta “longevidad milagrosa” se desarrolló un estudio observacional, que -como su nombre indica- no interviene, únicamente observa una población determinada para sacar conclusiones. En el caso de Okinawa y su longevidad se concluyó que el factor principal que alargaba la esperanza de vida de los isleños de entre los muchos factores que se tuvieron en cuenta era la restricción calórica. Y de ahí surgió la dieta Okinawa y la tendencia de sus seguidores a pasar hambre para alargar la vida.

Restricción calórica y radicales libres

Se ha comprobado que consumir menos calorías disminuye la generación de radicales libres y mejora la producción de energía en las mitocondrias, esos laboratorios celulares que generan energía química en forma de adenosín-trifosfato (ATP).

Las mitocondrias tienen un papel fundamental en el desarrollo de enfermedades degenerativas e inflamatorias como el cáncer. Pero además se ha observado que, gracias a una mejor función mitocondrial y control de la expresión del material genético, existe una menor incidencia en el desarrollo de enfermedad de Alzheimer y de Parkinson en las personas que reducen su ingesta calórica.

Por otra parte, la restricción calórica aumenta las defensas antioxidantes del cuerpo, ésas que ayudan a neutralizar los temidos radicales libres.

Moraleja: la restricción calórica minimiza algunos de los mecanismos subyacentes al desarrollo de un gran número de enfermedades.

Restricción calórica y plasticidad cerebral

En la historia de la Medicina, la restricción calórica fue el primer tratamiento efectivo para las convulsiones epilépticas debido probablemente a la cetosis inducida por el ayuno.

Aún en la actualidad la restricción calórica, en concreto siguiendo una dieta cetogénica, ha demostrado ser efectiva en el tratamiento de la epilepsia, especialmente en la epilepsia refractaria al tratamiento farmacológico.

Además de eso, la restricción calórica confiere neuroprotección, aumenta la producción de nuevas neuronas y permite que las redes neuronales existentes extiendan su esfera de influencia (neuroplasticidad). Y esto se debe a la producción del llamado factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), un factor de crecimiento específico del sistema nervioso.

Se ha observado que en animales de experimentación una reducción del 30% de la ingesta calórica consigue un aumento significativo de BDNF y conllevaba una mejora de la memoria. Un estudio similar en personas ancianas ha logrado un aumento de BDNF y una mejora significativa de la memoria en el grupo sometido a restricción calórica (reducción del 30% de la ingesta calórica) en comparación con el grupo con dieta libre.

La restricción calórica fortalece el cerebro y proporciona mayor resistencia a las enfermedades neurodegenerativas, como el alzheimer y el parkinson. Como declaró el doctor Mark Matsson, “Los individuos con ingesta calórica baja tienen menos riesgo de desarrollar enfermedad de Alzheimer, Parkinson y apoplejía”.

Está claro que además de cuánto comemos es fundamental qué comemos. Pero, como he dicho, de eso ya vamos hablando en el blog… De momento, ya sabes que utilizar platos pequeños, quedarse con un poco de hambre o hacer ayunos intermitentes son trucos útiles para restringir el número de calorías y vivir más y mejor 😉 ¿Te atreves?