Paulo, el perro y la campana

El fisiólogo ruso Ivan Petrovich Paulov (1849-1936) es conocido por sus célebres experimentos con el perro y la campana y la descripción de los reflejos condicionados. ¡Pero Paulov es mucho más que el perro y la campana!

Iván Paulov demostró la existencia de los llamados reflejos condicionados al exponer a los perros de su laboratorio al toque de una campana cada vez que recibían la comida. Cuando los perros se hubieron acostumbrado, el mero sonido de la campana les hacía salivar. Y eso es lo que todos conocemos como reflejo condicionado.

En sus estudios sobre el sistema nervioso encontramos la concepción holística de la medicina, puesto que el sistema nervioso es el instrumento para relacionar y conectar las distintas partes del organismo entre sí. El sistema nervioso es el gran integrador.

En la vía de ascenso de un estímulo hacia la corteza cerebral, en cada nuevo nivel, se van produciendo fenómenos de integración que van enriqueciendo la calidad de la información almacenada, tanto en su dimensión sensorial como afectiva. Por eso sabemos dónde hemos recibido un estímulo, de qué tipo es (dolor, frío, calor, picor…), cuál es su intensidad, de dónde ha venido, si nos ha gustado o no, si hemos sentido miedo o alegría o gozo o paz y qué estaba sucediendo mientras recibíamos el estímulo.

Posteriormente, de la corteza cerebral partirán vías eferentes hacia la periferia del organismo para generar una respuesta, un reflejo. Es decir, emitir una señal adecuada en respuesta a eso que hemos visto, oído, olido, palpado…

Paulov considera que toda actividad animal superior puede resumirse en una serie de reflejos.

Para demostrarlo estableció un método de trabajo para probar científicamente lo que consideraba hipótesis de sus predecesores (Descartes, Magnus, etc): midió las reacciones motoras y secretoras (de las glándulas salivales) de los perros del laboratorio en respuesta a diversos estímulos. Y así concluyó que:

– Hay dos tipos de reflejos: unos, no condicionados, innatos, que suponen una conexión permanente entre el estímulo y la respuesta; y otros, condicionados, que representan una conexión temporal.

– El estímulo irradiado a la corteza cerebral se concentra en un punto determinado, llamado representación cortical, que es bilateral y que está rodeado por un área de inhibición. Estas representaciones corticales de los estímulos son funcionales, no anatómicas.

– Hay irritaciones que suman sus efectos de representación cortical a otras, funcionando como un refuerzo de los reflejos. Cuando una irritación permanece, se corticaliza; es decir, mantiene su representación funcional a nivel de la corteza cerebral y hace que la respuesta del organismo a esta irritación permanente sea también permanente. Son los llamados campos interferentes de la Terapia Neural. Si coexisten varios campos interferentes y tratamos el responsable de una patología, es posible que afloren otras irritaciones más débiles que estaban inhibidas por el primero y se empiecen a manifestar entonces dolencias nuevas o antiguas diferentes de la consultada.

Paulov habló también de la tan actual plasticidad neurológica: los estímulos inducen la formación de conexiones neuronales dinámicas y, por tanto, el sistema nervioso se encuentra en continuo desarrollo, es modificable y todo esto permite la constante adaptación de los seres vivos a los cambios de su entorno.

Conocer los estudios de Paulov nos ayuda a comprender mejor el funcionamiento del ser humano. Podríamos decir que la enfermedad es una respuesta especial del organismo a una agresión: la adaptación del ser como un todo ante algo que lo está irritando.