El 90% de nuestras acciones diarias son respuestas surgidas del depósito de información que acumulamos durante los primeros 7 años de vida.

Vivimos nuestras vidas basándonos en lo que creemos con respecto al mundo, a los demás y a nosotros mismos, a nuestras capacidades y nuestros límites. Todas estas creencias se originan en base a los pensamientos de nuestra mente consciente y subconsciente.

La mente subconsciente

La mente subconsciente es un potentísimo procesador de información cuya función es interpretar el medio y activar una respuesta inmediata sin hacer juicios ni preguntas.

  • La mente subconsciente es más rápida y poderosa que la mente consciente y es responsable de hasta el 90% de nuestra actividad diaria.
  • La mente subconsciente procesa más de 20 millones de estímulos por segundo.
  • La mente subconsciente examina con detenimiento tanto el mundo que nos rodea como el medio interno y activa una respuesta inmediata, sin necesitar la participación de la mente consciente, mucho más lenta y energéticamente costosa. Cuando estábamos en las cavernas y nos atacaba un oso, no podíamos pararnos a pensar en los pros y los contras de tal encuentro.
  • Cuando se percibe un estímulo, la mente subconsciente desencadena una respuesta automática que fue aprendida cuando se detectó ese estímulo por primera vez.
  • La mente subconsciente opera en el momento presente. La mente consciente, por el contrario, puede adelantarse o retroceder en el tiempo.
  • La mente subconsciente no distingue entre un estímulo real y un estímulo imaginario. Ver un limón nos hace salivar tanto como morderlo: la imagen del limón es tan real para la mente subconsciente como el auténtico limón (¡y si no, que se lo digan a los músicos de viento!).

¿Cómo se crea la mente subconsciente?

La suma de los instintos genéticos y las creencias aprendidas de nuestros padres forjan la mente subconsciente.

Hasta los 7 años de edad nuestros cerebros operan en un estado hipnagógico o de ensoñación en el que la mente literalmente absorbe todo lo que percibe del entorno. Esto es así porque facilita el proceso de culturización: podemos aprender comportamientos complejos por el mero hecho de observar a las personas de nuestro entorno próximo, sin necesidad de participar activamente en ellos.

De esta manera, los comportamientos, actitudes y creencias de nuestros padres (u otros cuidadores) se graban en nuestro cerebro con tanta firmeza como las nuevas redes neuronales que se están desarrollando. Su verdad es nuestra Verdad.

Una vez que se almacena toda esta información en nuestra mente subconsciente, controlará nuestra biología de por vida. Nuestros patrones fisiológicos y de comportamiento se ajustarán a las verdades de esa voz. Y no sólo el comportamiento: esas limitaciones pueden desarrollar un papel fundamental también en nuestra fisiología y nuestra salud. Somos lo que creemos que somos.

Si desde niños recibimos mensajes positivos respecto a nosotros mismos, a nuestras capacidades y nuestros límites, probablemente disfrutaremos de una vida plena con el máximo desarrollo de nuestros potenciales.

Sin embargo, si recibimos abusos verbales y mensajes de desvalorización (“eres torpe”, “pareces tonto”, “no haces nada bien”, “eres malo”, etc.) esas verdades absolutas limitarán de manera inconsciente nuestro comportamiento y nuestro potencial a lo largo de la vida. El mayor obstáculo para conseguir el éxito en aquello que soñamos son las limitaciones programadas en nuestra mente subconsciente.

Pero podemos cambiarlo. ¡No somos víctimas de nuestra programación!

La mente consciente

Para eso contamos con una creativa mente consciente capaz de desmontar las viejas creencias limitantes en base a la lógica. Es como crear un parche lógico que haga que las creencias limitantes del pasado queden obsoletas y sean reemplazadas por una nueva y poderosa realidad. Si la lógica te muestra que es falso eso de que “todo lo haces mal” empezarás a creer que puedes hacer algo bien y estarás más cerca del logro de tus propósitos.

Requiere empeño y mucha atención pues, cuando bajamos la guardia, la mente subconsciente toma las riendas. Los comportamientos que llevamos a cabo cuando no prestamos atención no son creaciones nuestras sino conductas aprendidas de otras personas y repetidas a lo largo de muchos años.

Eso convierte esta tarea en algo muy difícil. Pero el esfuerzo merece la pena.

En cuanto encontramos algo que nos dice que nuestra manera de ver el mundo es errónea, estamos en un punto de partida. Cuando reconocemos esas pautas limitantes en personas y situaciones de nuestra vida, tenemos una buena pista sobre cuáles son las creencias subconscientes en las que se originan. Y entonces podemos empezar a reconstruir nuestra realidad. Podemos recurrir a técnicas de visualización o afirmaciones positivas, por ejemplo. Ya sabes, aprovechar el poder de nuestra mente consciente.

Cambiar nuestras creencias será cambiar nuestra realidad. ¡Ánimo con ello!