Intolerancia a la lactosa

Consumir leche y derivados lácteos tiene muchos inconvenientes para nosotros. El más conocido es el problema de la intolerancia a la lactosa.

La lactosa es el azúcar de la leche. Es una molécula que, para ser absorbida correctamente en el intestino, necesita ser hidrolizada previamente por la enzima lactasa.

Todos tenemos falta de lactasa

La lactasa va desapareciendo progresivamente con la edad en todas las especies de mamíferos. Es algo natural: la leche es el alimento del animal lactante y ningún animal adulto en la naturaleza sigue bebiendo leche. Como no hay ningún otro alimento en la naturaleza que contenga lactosa en su composición, la enzima lactasa va dejando de ser necesaria y desaparece de nuestro arsenal bioquímico.

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En la especie humana la lactasa empieza a desaparecer a partir de los 3 años de edad. Bueno, esto es así en la raza blanca; en los pueblos de color, que tradicionalmente no han consumido lácteos, empieza a desaparecer antes. En los pueblos escandinavos, sin embargo, ocurre lo contrario porque los productos lácteos han ocupado históricamente un lugar considerable en su dieta.

Sólo algunos individuos adultos conservarán suficiente cantidad de lactasa como para poder consumir leche y derivados lácteos sin problema.

Formas de intolerancia a la lactosa

La lactosa mal digerida se acumula en la luz intestinal porque no puede ser absorbida correctamente. Allí, por acción de la flora bacteriana presente, sufre procesos de fermentación y putrefacción, que dan como resultado la aparición de dolor abdominal, flatulencia, meteorismo y diarrea líquida, el cuadro clínico conocido como “intolerancia a la lactosa”.

Es muy frecuente, mucho más de lo que pensamos, que se produzca una intolerancia subclínica a la lactosa con síntomas vagos y mal definidos: molestia abdominal, hinchazón, sensación de digestión pesada o estreñimiento.

También puede ocurrir que la intolerancia a la lactosa pase completamente desapercibida hasta que da la cara en forma de anemia crónica por irritación crónica de la pared intestinal.

Esta irritación crónica de la pared intestinal secundaria al consumo de leche y derivados lácteos acaba dañando células de la pared intestinal y destruyendo su función de barrera. Con esto, se permitirá el paso al torrente sanguíneo de macro-moléculas antigénicas responsables de enfermedades tan complejas como la celiaquía y las enfermedades alérgicas y auto-inmunes.

Como ves, la intolerancia a la lactosa es muy frecuente y va más allá del cuadro clínico típico. Si tienes algún problema intestinal, respiratorio, alérgico o cutáneo, te recomiendo reducir el consumo de productos lácteos.