En la crisis, una oportunidad

Una crisis grave nos obliga a mirar la verdad de frente y movilizarnos y lo conseguimos precisamente gracias a esa tensión, imprescindible para activar todos los resortes del conocimiento.

Me gusta recordar las palabras de John Fitzgerald Kennedy, que sostenía que “ningún desafío es superior a la creatividad humana”. Y esto incluye pensar, ser consciente e inventar. Actuar. Dejar de ser espectadores pasivos, adormecidos, y empezar a sacar el máximo partido de cada instante de nuestra existencia.

Esto surge con especial fuerza en el caso de una enfermedad grave. Ese momento sobrecogedor de un diagnóstico fatal, por ejemplo, de un cáncer. Tras el impacto del “tienes un cáncer” el ser humano despierto empieza a reconocer el valor del ser, a reconsiderar su existencia y la auténtica realidad de todas sus potencialidades.

La enfermedad nos coloca en esa posición del “ahora o nunca”.

Muchas personas necesitan encontrarse en un momento tan crucial para animarse a vivir su vida. Y esto puede ser debido a dos razones:

Una. “No queda tiempo para andar con tonterías, así que ¿vas a atreverte por fin a…?” ¡Y aquí cabe de todo! Puede ser:

  • hacer ese viaje con el que llevas soñando toda la vida,
  • probar eso que tanto deseas pero nunca te has atrevido a hacer: escalar, tirarte en ala delta, montar en globo, bailar claqué, cantar rock, teñirte el pelo de colores, llevar sombrero… ¡qué sé yo!,
  • probar eso que tanto deseas pero para lo cual nunca has reservado el tiempo y el dinero necesarios (¿quién mejor que tú puede ser el destinatario de tus regalos?),
  • cumplir un encuentro pendiente con alguien,
  • decir aquello que llevas guardado durante años,
  • hacer una reunión familiar,
  • alejarte de todo durante un tiempo para aprender a estar contigo mismo,
  • un larguísimo etcétera que abriga todos nuestros deseos secretos, tareas pendientes, caprichos infantiles, anhelos y sueños.

La vida y sus manifestaciones (porque eso son todas estas cosas) pasan a ser lo más importante. Se trata de vivir, de ser, por encima de tener, trabajar, parecer, aparentar, fingir, aguantar, cumplir, obedecer,…

¿No te parece que esto es una gran oportunidad?

Dos. Los que hacen un análisis más profundo hacia el interior de sí mismos descubren de pronto que haber vivido como han vivido los ha llevado a desarrollar una enfermedad grave. Y, por tanto, necesitan hacer un cambio radical en su manera de comer, trabajar, relacionarse (con uno mismo y con los demás) y ocupar el tiempo libre.

Cuando algo va mal en tu vida, ya sea a nivel físico, material o sentimental, busca qué está sucediendo en tu interior. Nuestra vida es un reflejo de nosotros mismos así que, consciente o inconscientemente, somos los causantes de todo lo que nos sucede.

Ya, sé que esto asusta y molesta. ¡Ya no podemos echar la culpa a los demás, al sistema o a la mala suerte!

Pero a cambio tenemos capacidad de actuación. Está en nuestras manos hacer el cambio hacia algo mejor, si así lo deseamos. Tenemos libertad y autonomía. ¿No merece esto la pena?

¡El porvenir está por hacer! Y nosotros podemos inventarlo con nuestro comportamiento cotidiano.

Llega el momento de dejar de apegarse a la verdad de siempre y dejar de ver en la tragedia el adversario. Es el momento de saber que, muy al contrario, éste es nuestro mejor aliado, el que empieza a descubrirnos nuestra obstinada miopía.

La enfermedad es una excelente oportunidad para aprender a vivir.

(Este texto forma parte parte de un libro en el que estoy trabajando. Me encantaría conocer tu opinión: ¿te gusta?, ¿te parece interesante?, ¿crees que sería de utilidad para otras personas que conoces?, ¿qué me recomendarías? ¡Estaré encantada de recibir tus comentarios!) 🙂