La respiracion es fuerza vital

¡Detente un momento! Fíjate y dime: ¿estás respirando?

Alimentamos nuestro cuerpo con la mejor comida y le damos las mejores bebidas. ¿Por qué no prestamos atención al elemento más importante, sin el cual no podríamos sobrevivir? ¿Por qué no cuidamos nuestra respiración?

La respiración nos ayuda a conectarnos con nuestro cuerpo

Túmbate boca arriba con los brazos a los lados del cuerpo y las piernas ligeramente separadas. Cierra los ojos. Respira.

Deja que tu atención vaya recorriendo las distintas partes del cuerpo a medida que respiras suave y profundamente. ¿Qué sientes?

Puede que detectes zonas de tu cuerpo llenas de energía, bullendo de emociones, o zonas adormecidas, con falta de sensibilidad. Puede que notes algunas partes de tu cuerpo agarrotadas, tensas. O zonas de dolor o de picor. No intentes modificar nada, sólo obsérvalas.

No te preocupes si se cruzan por tu mente pensamientos que te sacan del estado de atención sobre tu cuerpo. Deja que todos esos pensamientos, preocupaciones, ideas obsesivas, etc. se disuelvan con cada respiración y simplemente déjalos ir.

Con cada inhalación lleva el aire que inspiras hacia el abdomen, sintiendo que todo tu cuerpo es un gran globo que se llena de aire suavemente. Nota cómo el aire entra por la nariz, desciende por la garganta y va llenando el abdomen.

Haz una pequeña pausa.

Inicia la espiración, de nuevo suave y profundamente. Nota cómo el aire va saliendo desde el abdomen hacia la garganta y el globo se va deshinchando poco a poco, con total facilidad.

Haz una pequeña pausa y comienza de nuevo.

Repite este ciclo 7 veces.

¿Qué tal? ¿Eres capaz de hacerlo sin despistarte ni un momento? ¿Puedes mantener tu atención en el cuerpo? ¿Qué notas? ¿Hay zonas tensas, doloridas, insensibles? ¿Van cambiando las sensaciones corporales?

Es muy probable que hayas percibido cómo se expandía una sutil sensación de bienestar, de placer, de alegría o de paz.

La respiración te ayuda a llenarte de energía vital

Cuando haces una respiración consciente de este tipo, al inhalar inspiras una fuerza vital que va desde la garganta hasta el abdomen, cargando tu cuerpo de energía y de vida. Luego, al exhalar, liberas esa fuerza y va irradiando por todo tu cuerpo. Recorre todo tu ser, tu cuerpo y tu mente.

Fíjate hasta dónde puedes sentir esa irradiación: ¿llega a los brazos y a las piernas?, ¿va más allá y recorre las manos y los pies y puedes sentirla en las puntas de los dedos?, ¿alcanza la cabeza, el cuero cabelludo?, ¿puedes sentirla en la cara?

Intenta entonces dar un paso más y fíjate en cómo esa energía que recibes e irradias con cada respiración sale de ti y puede llegar al espacio que te rodea: a la habitación en la que estás, a tu casa, a tu ciudad… y a todos los que te rodean.

Es la energía de la vida, que recibes con cada inhalación y que emites con cada espiración. La respiración te conecta con la vida que late en ti y a través de ti.

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