Hoy me he llevado una grata sorpresa: en la ciudad en la que vivo, el libro que escribió el psiquiatra Viktor Frankl tras ser liberado del campo de concentración, “El hombre en busca de sentido”, es lectura obligada para los alumnos de bachiller.

Me alegra saber que estos adolescentes tienen que leer un libro tan bello, tan especial y tan lleno de profunda humanidad.

Viktor Frankl nació en Viena en 1905. Médico, especializado en Neurología y Psiquiatría, se encontraba en la lanzadera hacia una brillante carrera profesional, cuando tuvo que vivir el infierno del internamiento en diversos campos de concentración.

Estamos a comienzos de los años 1940 en Viena.

Viktor Frankl está bien posicionado en los círculos médicos, tiene una incipiente pero prometedora consulta privada y acaba de ser nombrado director de la sección de Neurología del Hospital de Rothschild (lo cual, por cierto, muestra su valentía pues ese centro sólo atiende a pacientes judíos y ya arrecia la persecución nazi). Acaba de finalizar el estudio que ha elaborado a lo largo de dos décadas de experiencia clínica y que logrará hacer avanzar la psicología hacia una psicoterapia rehumanizada; el manuscrito está listo para ser editado.

Viktor Frankl joven

En lo personal, vive una vida tranquila y acogedora en un afectuoso ambiente familiar y un reciente matrimonio.

Pero la invasión nazi en la ciudad austriaca ha provocado una aguda agitación política y social y está creando un clima de miedo e inestabilidad. Ha comenzado ya la destrucción de sinagogas y la persecución, el encarcelamiento y la deportación de la población judía.

En ese ambiente, la familia Frankl busca soluciones: la hermana de Viktor logra escapar a Australia; su hermano intenta salir hacia Italia pero es descubierto y confinado al campo de concentración de Auschwitz, donde muere; Viktor consigue un visado para emigrar a Estados Unidos, donde además de vivir a salvo podrá difundir y desarrollar sus teorías psiquiátricas en un marco de mayor resonancia científica y cultural. Es una gran noticia… Pero sus padres no consiguen un documento que les libre de ser encarcelados o deportados. Y además, ancianos y sin la ayuda de ninguno de sus hijos, quedarán desvalidos.

Se plantea para Viktor un gran dilema: ¿asegurar su vida escapando a América o quedarse con sus padres y arriesgarse a morir?, ¿continuar con su prometedora carrera profesional o cuidar de sus padres?

Tras muchas reflexiones, decide quedarse.

Deja caducar su visado para Estados Unidos y sucede lo previsible: unas semanas después, lo que queda de la familia Frankl es deportada al completo.

Empieza para Viktor un largo período de 3 años de confinamiento en campos de concentración y la pérdida de todo lo que posee, tanto en lo material como en lo afectivo.

Sin embargo, decide encarar la dura experiencia de soportar ese tormento con ánimo de prueba: “el desafío de vivir mis propios pensamientos en vez de limitarme a ponerlos en el papel”.

Milagrosamente, como él mismo decía, fue liberado del campo de concentración en 1945. Y decidió escribir este precioso libro, en parte animado por el éxito del primero (la re-escritura de aquel manuscrito sobre su práctica clínica) y en parte como experiencia catártica de todo su sufrimiento. En nueve días estuvo finalizado “Un psicólogo en un campo de concentración”, como inicialmente se tituló.

Sin afán de venganza ni desde el resentimiento, sino con imparcialidad y un profundo sentido de humanidad, el libro describe “cómo un prisionero normal vivía la vida en el campo y cómo esa vida influía en su psicología”.

Y lo que fue inicialmente un libro sin gran repercusión, acabó siendo un gran éxito tanto para el sector especializado como para el gran público. Hoy en día “El hombre en busca de sentido”, de Viktor Frankl, es considerado uno de los diez libros más influyentes en América.

Viktor FranklViktor Frankl retomó su actividad profesional en la sección de Neurología del Hospital Policlínico de Viena poco después de su liberación. Al año siguiente obtuvo la Cátedra de Neurología y Psiquiatría en el Ateneo Vienés; y se doctoró en Filosofía.

A partir de la década de los 1950, la actividad y el prestigio profesional de Viktor Frankl fue creciendo gradualmente hasta alcanzar eco internacional. Se convirtió en conferenciante reclamado en todos los continentes, publicó 30 libros (casi todos traducidos a 4 ó 5 idiomas), colaboró con universidades de 34 países y fue investido Doctor Honoris Causa por 29 universidades.

Finalmente, pudo desarrollar aquella brillante carrera que le esperaba cuando decidió sacrificarla por el amor a sus padres.