bloqueo físico

Un bloqueo físico es la contención muscular de algún impulso o sentimiento tabú: intentamos suprimir la respuesta física a una emoción porque consideramos que no está bien. Si lo aceptamos, en lugar de luchar contra ello, descubriremos el gran potencial que se esconde tras un bloqueo.

Nos hemos acostumbrado a diferenciar el cuerpo de la mente y sentir que son dos cosas separadas. Y nos hemos hecho tan mentales que sólo nos identificamos con nuestras acciones voluntarias y controlables. Consideramos que todo lo demás, lo involuntario e inconsciente, no nos pertenece.

Vivimos en nuestro cuerpo como si fuera un instrumento a nuestro servicio. Y no como parte de esta totalidad que somos: cuerpo y mente en un todo único.

Te propongo un ejercicio:

  • date unos minutos y cierra los ojos;
  • respira relajada y profundamente y presta atención a las sensaciones físicas;
  • detecta las zonas donde sientas tensión o rigidez. Probablemente esto te ocurra en el cuello, la espalda, los hombros… No intentes liberar esa tensión; sólo obsérvala y toma nota mental.
  • ¿Hay algunas zonas insensibles? Quizás las piernas y los brazos, la pelvis, la región del corazón… No intentes liberarte de esa insensibilidad; sólo obsérvala y toma nota mental.
  • Ve abriendo los ojos poco a poco y sigue leyendo.

Llegados a este punto, quizás te parezca interesante seguir leyendo pero tienes por delante una montaña de ropa por planchar o una comida que preparar o estás a punto de salir de viaje… ¡No hay problema! Si lo prefieres, puedes seguir este post en formato audio: pincha aquí!

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Esas zonas de tensión y rigidez o de insensibilidad constituyen zonas bloqueadas.

¿Qué es un bloqueo?

Cuando vivimos una emoción, se desencadenan simultáneamente una respuesta mental y una respuesta corporal: algo sucede en el nivel físico cuando sentimos una emoción; no se trata de algo únicamente cerebral.

En muchas ocasiones intentamos suprimir la respuesta física a una emoción porque consideramos que no está bien. Por nuestra educación, nuestras experiencias o por convencimientos sociales, culturales o religiosos juzgamos determinados sentimientos y emociones como incorrectos y bloqueamos la reacción física correspondiente.

Para frenar una acción física tenemos que activar los músculos responsables de oponerse a ese movimiento: unos músculos deberán contraerse para impedir la acción de los músculos que iban a dar la respuesta. Es como una batalla de grupos musculares que termina en tablas… Que, por cierto, supone un gran gasto de energía.

Imagina que eres un niño de cinco años. Estás jugando con tus hermanos, corriendo y persiguiéndoles mientras gritas con todas tus ganas. Entonces aparece tu madre muy enfadada y te grita que te calles porque tienes una voz horrible. “¡Cállate, tienes voz de rata!”.

Te quedas parado en el sitio, petrificado, mudo de golpe. Todos tus músculos se contraen para no seguir “cometiendo ese error”.

Cada vez que se presente en tu vida la ocasión de gritar, ¿qué crees que pasará? Vendrá a tu cuerpo la memoria de aquel suceso y hará todo lo posible por guardar silencio. Tú ya ni te acordarás de aquello, pero tu cuerpo sí y se hará un experto en bloquear el grito y la risa.

Cada vez que una situación despierte en ti el impulso de expresarte, experimentarás una fuerte sensación de tensión muscular y rigidez en la zona de la garganta. Habrás desarrollado un bloqueo.

Cada bloqueo es la contención muscular de algún impulso o sentimiento tabú.

Y cada zona del cuerpo se relaciona con una determinada emoción:

  • los ojos, con el deseo de llorar,
  • las sienes se relacionan con la contracción mandibular para impedirse gritar e incluso reír,
  • los hombros y el cuello, con la hostilidad,
  • el bajo vientre y la pelvis, con el contacto con la sexualidad,
  • las piernas, con la falta de arraigo y la estabilidad.

Utilizando este mapa psico-físico, si detectas un bloqueo en alguna parte del cuerpo podrás suponer la emoción correspondiente que está siendo reprimida.

¿Y ahora qué hago?

Todos los músculos esqueléticos están bajo el control voluntario del sistema nervioso, así que esos bloqueos no pueden ser algo involuntario que, simplemente, te ha salido. Un bloqueo es algo que activamente te haces a ti mismo, aunque no te estés dando cuenta de ello.

Por eso, lo más importante no será descubrir cómo deshacerte de esos bloqueos o cómo evitar que te sucedan. Lo más importante será descubrir cómo te estás produciendo esos bloqueos. La solución estará en percibir la sensación directa de que eres tú el que está tensando esos músculos implicados.

En esto se basan las técnicas de contracción muscular para la liberación de bloqueos: al aumentar voluntariamente la contracción muscular en las zonas de tensión y rigidez, la actividad se hace consciente. Y al hacerse consciente, se puede liberar: el cuerpo ya no necesita seguir conteniendo un secreto, esa emoción tabú.

Llegados a este punto, puedes volver a cerrar los ojos y retomar el ejercicio de antes:

  • donde detectes tensión y rigidez o insensibilidad, incrementa la tensión muscular activa y conscientemente. Exagera el gesto al máximo durante el tiempo que sientas que necesitas.
  • Notarás que al cabo de unos segundos los músculos se pueden relajar;
  • y te harás consciente de la emoción que escondían.
  • Lo último que te queda por hacer es aceptar sin juicios los sentimientos que quieran aflorar.

Cuando se detectan los bloqueos corporales y se comprenden, se produce un cambio radical en la sensación que uno tiene de sí mismo. Descubres que eres la fuente última que genera todos tus procesos y eso te da un profundo sentido de responsabilidad y de libertad.

“Tenemos que volver a sentir el cuerpo para recuperar nuestra identidad completa” (Ken Wilber).